sábado, 8 de septiembre de 2012


El Cardenal Martini

y su “testamento espiritual”


(Foto  tomada de Aciprensa.org)


No “testamento espiritual”, sino entrevista

Desde hace unos días viene circulando y comentándose en medios eclesiales el mal llamado “testamento espiritual” del recientemente fallecido Cardenal Carlo María Martini. Decimos mal llamado porque por testamento espiritual se entiende un mensaje verbal o escrito donde la persona que lo hace, ante el presentimiento o seguridad de su inminente muerte, deja intencionadamente unas recomendaciones o mandatos a quienes, por su situación jerárquica (de autoridad), tiene el deber de orientar en la vida. Tenemos como ejemplos, en la Biblia, el testamento espiritual de Tobit a su hijo Tobías (Tobías 4) y en la vida de los santos, el que deja San Luis, rey  de Francia, a su hijo (ver:  http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/agosto_25.htm ). En ambos ejemplos podemos ver cómo el creyente, próximo a la muerte, deja en su testamento un mensaje donde la unión espiritual con Dios y el respeto a sus Santas Leyes es la fuente de sus recomendaciones. Lo que se señala, entonces, como “testamento espiritual” del Cardenal Martini está muy lejos de serlo: en primer lugar, no hay intención de que lo sea; y, por otro lado, su contenido se aleja de la fidelidad a las Leyes divinas (en moral sexual) y presenta un lenguaje ambiguo respecto a la relación entre el ministerio sacerdotal de los clérigos y el Derecho eclesiástico, con la interioridad religiosa del creyente.

Ciertamente debemos advertir en sus palabras un deseo profundo de renovación de la Iglesia (algo loable); pero dentro del camino que propone (los tres instrumentos contra la fatiga de la Iglesia), se aparta de la ortodoxia, vale decir, de la recta opinión, la que siempre debe darse dentro de los parámetros de la fe en Dios y en su Iglesia.

Intención de este artículo

Pero, la intención de este artículo no es el de analizar minuciosamente la entrevista polémica aparecida en El Corriere della Sera, cosa que otros ya han hecho. Más bien deseo dar una explicación a los católicos que puedan haberse escandalizado a causa de ella: “¿Cómo es posible que un cardenal de la Iglesia Católica pueda haber hecho declaraciones tan apartadas de la doctrina oficial de la Religión Católica?” La respuesta, en realidad, no es difícil: toda persona posee en su ser varias dimensiones cuya integración es necesaria para la fidelidad y coherencia con sus principios. Puede darse que alguna persona destaque en algunos aspectos, dimensiones o fragmentos de su ser, y que desentone o desacierte en otros. El Cardenal Martini, en opinión de algunos (o muchos; qué más da) ha sido admirado por su preocupación solícita de Pastor y por su amor a las Sagradas Escrituras; por lo visto también poseía un don de gentes que le daba un encanto personal. Nadie puede negar que así sea. Sin embargo, aquellas fortalezas de su persona son sólo fragmentos de ella; hay otros “fragmentos” que no pueden ser alabados, como su tendencia a verter opiniones desacertadas, por decir lo menos, no sólo en su última entrevista sino en otras oportunidades también. El Santo Padre, Benedicto XVI, con amor fraterno y explícita caridad cristiana ha tenido palabras benevolentes para el arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Milán, por los “fragmentos” buenos que ha tenido; y ha evitado mencionar aquellos que más bien lo deslucirían.

No debe, pues, escandalizarnos gravemente este asunto; somos humanos y podemos vivir fragmentados, faltos de unidad; ser admirados por lo bueno que tenemos, aunque por otro lado hayan cosas que digan mal de nosotros. Nuestra tarea debe ser buscar esa unidad de vida tan necesaria para ser hombres de una sola pieza.

Finalmente, nosotros no estamos para juzgar a las personas; pero sí tenemos el deber de señalar los errores que cometen y que pueden hacer daño a terceros (en este caso, a los fieles de la Iglesia Católica). Por eso, bien podemos decir, parafraseando a Aristóteles: “Soy amigo del Cardenal Martini, pero más amigo de la verdad”.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Cipriani - Garatea

(Imagen tomada de lamula.pe)

Presencia Católica también quiere decir algo: La decisión del señor Cardenal de no renovar las licencias ministeriales al P. Gastón Garatea responde al estricto cumplimiento de su deber. El Arzobispo de Lima, como Pastor de la Iglesia en su jurisdicción eclesiástica, tiene la obligación de velar, entre otras cosas, porque la enseñanza de Cristo se enseñe con fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Y para ello da licencias ministeriales a los sacerdotes que trabajan en su territorio, sean suyos (diocesanos) o religiosos. Los sacerdotes deben responder a esta confianza que la Iglesia pone en ellos.
Ahora, si un sacerdote no cumple con su deber, propalando públicamente ideas contrarias al Magisterio de la Iglesia o hablando mal de ella, la suspensión o la no renovación de sus licencias ministeriales es el modo jurídico de evitar que dicho clérigo siga haciendo más daño a la fe y sensibilidad de los fieles.

Eso es lo que ha pasado, seamos objetivos. Veamos expresiones que públicamente dijo el religioso:
  • "Tienen todo el derecho de unirse (los homosexuales o las lesbianas). Podemos estar en contra de un matrimonio entre personas del mismo sexo, pero una unión civil no hay problema".
          Comentario: Imagínense que un homosexual se acerque al confesionario, ¿qué consejo le daría el       mencionado clérigo? ¿Y en la prédica dominical?

  • "A mi modo de ver (el celibato) se ha extendido equivocadamente a todos los sacerdotes. El celibato está bien para los que viven en congregaciones, como yo, pero no para los del clero secular que viven en sus casas."
          Comentario: Como sacerdote su deber es dar la doctrina de la Iglesia, no opiniones personales que pueden confundir a los fieles.

  • "Muchísimas cosas (que criticar a la Iglesia Católica). Se preocupan más en la ley que en el espíritu: se habla más del canon y no tanto del Evangelio".
          Comentario: Pareciera que no ha leído al Papa Benedicto XVI ni al Papa beato Juan Pablo II.

  • "(El Paraíso) No es un lugar, es un estado de comunión que implica que todas las personas se acepten como son".
          Comentario: ¿Una definición de Paraíso donde Dios no aparece por ningún lado? Si hasta el mismo Diccionario de la Real Academia Española define el Paraíso como Cielo, lugar donde los bienaventurados gozan de la presencia de Dios. Los fieles de la misa dominical tienen derecho a recibir la doctrina de la Iglesia, pero con un sacerdote que no tiene claro qué es el Cielo, no tienen probabilidad alguna de saber una de las verdades más importantes de la fe.

Por todo esto que acabo de presentar y comentar, ¿cree usted que el Cardenal o cualquier obispo que estuviera en su lugar le renovaría las licencias ministeriales a un sacerdote que no cumple responsablemente con su deber de predicar la Doctrina Cristiana de acuerdo al Magisterio de la Iglesia?

Esto es lo objetivo, lo demás son lecturas políticas que están fuera de lugar; u opiniones de encono personal de algún obispo emérito que pasará a la Historia como el contreras del Cardenal Cipriani.

viernes, 30 de marzo de 2012

El pensamiento del mes

"Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas".
 
(Proverbio árabe)

lunes, 19 de marzo de 2012

OPINIÓN

Sobre racismo, mitos e idiosincrasia (III)
(Tomado del blog "Mis cajones de adentro")
Idiosincrasia
Y llegamos a la tercera y última parte del artículo, donde hablaremos sobre la idiosincrasia, para tratar de entender el tema del racismo en nuestra sociedad; no olvidemos que el comportamiento racista de aquel adolescente del cine es el que motivó el artículo.
La idiosincrasia puede definirse como la manera de ser característica de un pueblo. Es un tema muy complejo de tratar, dado que en nuestro país la diferencia de personas y culturas impiden generalizar. Sin embargo, no con pretensión de erudición sino en un intento de acercamiento al problema, lo trataré, reconociendo que puede ser un punto de vista entre otros más que puedan darse. Sin embargo, en toda opinión no debe faltar la responsabilidad de quien opina, es decir, que las opiniones sean consecuencia de un raciocinio sobre la base de la observación y de la experiencia y no de una actitud frívola que irresponsablemente lleva a decir cualquier cosa.
Empecemos por decir que un rasgo que caracteriza a nuestro pueblo es la alegría. Y no puede haber alegría sin bromas: la chispa es otro de los rasgos de nuestra idiosincrasia; siempre tenemos la palabra inesperada que causa hilaridad. Pero a esto se añade otro rasgo: la “tomadura de pelo”; nos gusta reírnos o burlarnos de los demás, no con mala intención, sino para pasarla bien, por lo que debemos también “tener correa” cuando nos llega el turno de ser blanco de las burlas de los demás. Pero, ¿de dónde tomar la “materia prima” para la burla?: de las diferencias raciales, sociales, económicas y culturales que existen en nuestro país, así como de la contextura física, rasgos del rostro y manera de ser de las personas, o de la belleza o fealdad de las mismas. Como el tema que nos interesa es el del racismo, me ocuparé de las diferencias raciales. En efecto, las diferencias raciales traen como consecuencia estereotipos en ese orden, y es a partir de ellos que se crean personajes en los programas cómicos de televisión, como el negro Mama y la paisana Jacinta; o se hacen chistes a partir de los prejuicios que se forma la sociedad sobre las personas según su raza, como hacía Augusto Ferrando con sus comparaciones “blanco-negro”: “Blanco con zapatillas: deportista; negro con zapatillas: ratero”; no se trata de escarnecer al negro, sino de reírse de lo que la gente piensa de él. Dicho sea de paso, quienes más disfrutaban de esta comparación eran los mismos morenos que asistían al programa. Por otro lado, Nemesio Chupaca, el “cholo de acero inoxidable” y Eleuterio, fueron personajes que estereotipaban al serrano acriollado, en el caso de Nemesio y al serrano ingenuo en el caso de Eleuterio. Ellos eran serranos que se reían de sí mismos. Como se ve, no hay malicia en todo ello, no hay deseo de ofender, sino sólo de reconocer las diferencias raciales que hay en nuestro pueblo y reírse de ellas. No olvidemos que el Negro Mama y la Paisana Jacinta siempre salen ganando, o al menos salen bien librados de los problemas en que se meten. Igualmente, el cholo Nemesio siempre gana, porque “Al rey de la puna no le van a vender llamas”. La idiosincrasia del peruano es ser alegre, bromista, burlón, pero sin malicia. Y cuando se dice negro o cholo, lo que se está haciendo es describir a la persona, no ofenderla. ¿Recuerdan al cholo Sotil? ¿Cuando se le decía “cholo” se buscaba ofenderlo, o simplemente describirlo? Como vemos hasta aquí, todo no va más allá de reconocer las diferencias raciales, aceptarlas y convivir con ellas de manera lúdica y hasta fraterna.
Sin embargo, el corazón del hombre no sólo alberga alegría y fraternidad; también puede sacar de sí la maldad. Y la cosa empieza en el momento en que se quiere valorar a las personas de acuerdo a sus diferencias económicas, sociales, culturales y raciales. Se establece, entonces, una jerarquía donde el que tiene plata, el “pituco”, el culto y el blanco son superiores en dignidad a todos los que no lo son. Es aquí donde aparece lo superior y lo inferior, con el añadido del aprecio a lo superior y el desprecio a lo inferior. Es allí donde debemos situar el infeliz incidente entre el “niño” blanco y rico del cine, allá en Chorrillos, y los esposos mestizos acholados que fueron blanco de vituperios racistas. La “raza superior” despreciando a la “raza inferior”. No se mira a la persona, se mira a la raza.
Lamentablemente, ésta también es una característica de la idiosincrasia de nuestro pueblo: el racismo que desprecia porque clasifica a las personas como superiores o inferiores. Esta idea está tan metida en nuestra mentalidad que hasta las mismas personas mestizas, negras o cholas (las inferiores, según esta clasificación racista), hablan de escoger una pareja para casarse o para casar a sus hijos, … con quien puedan “mejorar su raza”.
El tema del racismo es muy delicado, porque mueve sentimientos y descubre complejos (de superioridad o de inferioridad). Por eso, si se hiciera una encuesta preguntando a las personas si son racistas o no, lo más probable es que todas digan que no, porque el racismo es vergonzoso. Pero anda y mételes el carro y verás que te tratan como el jovencito del cine.
Finalmente, alguien puede preguntar: “Ya que el racismo es parte de nuestra idiosincrasia, ¿se puede ser racista y católico a la vez? Hum, … ¡Qué preguntita! No se puede responder “a la primera”, porque la respuesta puede dar lugar a equívocos. Tal vez dos ejemplos nos pueden servir para resolver el asunto. El primero: Nicomedes Santa Cruz (1925-1992), el gran poeta, folklorista y periodista de raza negra, decía: “No soy un poeta negro, soy un negro poeta”. Esta expresión muestra a Nicomedes Santa Cruz como un negro orgulloso de su raza. Este “racismo” no es malo, porque se fija más en los valores de la propia raza, sin denostar a las demás. El otro ejemplo es el del adolescente del cine, cuyas expresiones son de ofensa a quienes pertenecen a una raza que valora como inferior. En este segundo tipo de racismo hay desprecio. Con el primer tipo de racismo se puede construir a partir de las diferencias; con el segundo tipo de racismo, no hay forma de construir nada. Con el primer tipo de racismo se puede vivir en unión y sacar el Perú adelante; con el segundo tipo de racismo, sufriremos siempre el desprecio y el trato injusto; el resentimiento y la venganza social. Con estos dos ejemplos ya tiene usted, amable lector, elementos para contestar a la pregunta, ¿o quiere que le responda este mestizo?



jueves, 1 de marzo de 2012

OPINIÓN

Sobre racismo, mitos e idiosincrasia (II)

(Imagen tomada del blog de Juan Haro) 

Mitos
El caso que venimos tratando nos lleva a otra consideración; la del mito de que “los niños son buenos por naturaleza”; o peor, aún, de que no son conscientes (y por lo tanto son inimputables) de las cosas malas que hacen. Esto lleva a exculparlos de toda acción mala que pudieran hacer, como la del adolescente del cine (los únicos culpables serían sus padres; él no).
Sobre esto hay que decir lo siguiente: la Religión Católica (a la que muchos quieren ignorar) nos enseña que el hombre nace bueno, pero inclinado al mal; la Psicología nos enseña que el niño tiene conciencia moral; es decir, sabe distinguir lo bueno de lo malo; dicho en lenguaje común: “sabe lo que hace”; el Derecho, que ve la realidad de las cosas para legislar, crea correccionales de menores, reconociendo en ello la responsabilidad moral de los menores de edad.
Entonces, eso de que el niño deba ser exculpado de acciones contrarias a la Ley, por no ser consciente de lo que hace, no tiene fundamento real.
Este hecho nos da pie para hablar de educación y responsabilidad personal. Empecemos reconociendo la necesidad de educar al hombre para ayudarle a su pleno desarrollo como persona; a la perfección de su ser. Y como el hombre es un ser social, su máxima perfección ha de expresarse en la capacidad de convivir con los demás en un clima de respeto. Y la educación está a cargo de los padres, de los maestros y de la parroquia (si es que van). En este sentido, hay una responsabilidad en los demás respecto a la formación de los niños. Pero, por otro lado, el niño también tiene cierta autonomía para decidir por lo bueno o por lo malo, de secundar su inclinación al bien o al mal. De allí aquello de “la oveja negra de la familia”; el que a pesar de haber sido educado en el bien con la palabra y con el ejemplo, decidió ir por otro camino. O del muchacho que, no se entiende, es bueno a pesar de su entorno familiar y del vecindario en donde vive.
Esto último, nos pone ante la realidad de responsabilidad personal del niño. El tema es largo, porque convergen muchos factores en la formación moral de los seres humanos. Sin embargo, no podemos dejar de señalar este mito.
Pasemos, ahora, a considerar otro mito: “El niño no debe ser castigado”. Hay quienes prefieren hablar de corrección y no de castigo. Creo, personalmente que debemos hablar más bien de castigos que corrigen. En efecto, debemos entender la importancia del castigo para la buena formación de la conciencia moral. Saber y experimentar que los actos buenos merecen reconocimiento y premio y que los malos, reprensión y castigo, ayuda a adaptarse a una vida social ordenada y justa. Si no se castiga, desaparece el sentido de justicia. El castigo es tan humano y saludable como la condecoración. Ahora, ¿qué tipo de castigo debe aplicarse? Ese es otro tema; en otro momento trataremos sobre él; ahora sólo deseo dejar sentado que hacemos muy mal en quitar en el ser humano el sentido de responsabilidad y, dentro de él, el de culpa. 
Dejo las cosas ahí, la próxima vez terminaremos con este tema dividido en tres partes.

domingo, 19 de febrero de 2012

OPINIÓN

Sobre racismo, mitos e idiosincrasia (I)

( Imagen tomada de RPP Noticias )

Racismo
Hace poco, el violento comportamiento racista de un adolescente (“niño” para sus padres) en contra de una pareja de esposos de raza mestiza, dentro de un cine, despertó la indignación de gran parte de la población por este suceso. Esto dio pie a que en ciertos programas de televisión y en algunos diarios de circulación nacional se tratara el tema del racismo o de la discriminación racial como expresión del mismo.
Recordé entonces algunas expresiones racistas vistas anteriormente en televisión; como la del papá de Lourdes Flores Nano, que llamó al entonces candidato Toledo: “Auquénido de Harvard”, expresando el desprecio por su origen serrano y raza. El mencionar “… de Harvard” es así como decir: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda” (“Aunque haya estudiado en Harvard, cholo se queda”). Y también recordé las expresiones racistas del papá del actual presidente de la República, que enaltecía la raza cobriza, presentándola como superior a la blanca. Además, sorpresa me causó escuchar a una niña morena decirle a otra, cuando peleaban: “Tu mamá es más negra que la mía”.
En fin, el racismo en nuestro país (no hablo de otros), es un hecho. De si tiene un origen natural o es un producto de la cultura, es un tema que los especialistas se encargarán de descubrir. Por eso, siendo un hecho, que, por lo visto, forma parte de nuestra idiosincrasia, lo que debemos condenar no es el racismo (no deseable, pero existente), sino sus manifestaciones. En efecto, si el hombre es un ser social, esa condición lo debe llevar al reconocimiento y respeto que cada persona se merece por el mismo hecho de serlo. Que Dios, además de confundir nuestras lenguas en Babel, nos haya pintado de diferentes colores, no quiere decir que por ello debamos ver en nuestras desigualdades raciales un motivo para despreciarnos. Si acaso el racismo es una característica de la idiosincrasia del peruano (no generalizo), lo que se debe buscar es educarse en la convivencia social. Conozco personas racistas que respetan a quienes no son de su raza. Parece ser que su racismo se encuentra sólo en la constatación de las evidentes diferencias raciales y la tendencia (natural, en opinión de algunos) a sentirse orgullosos de la propia raza, pero que a la vez reconocen que por debajo de esas diferencias en el “numerador”, existe un “denominador común” de dignidad que todos los seres humanos tenemos.  Y es ese denominador común el que debe fundamentar la convivencia social. La educación, si bien no puede consistir en taparse los ojos para no ver las diferencias somáticas y de color características de las razas, debe tender a ver detrás de dichas diferencias el valor de la persona humana, que merece reconocimiento y respeto.

lunes, 13 de febrero de 2012

NOTICIA DE INTERÉS

Cumplo con alcanzarles este comunicado de la Nunciatura.

La Nunciatura Apostólica en el Perú comunica que
la Secretaría de Estado de Su Santidad ha
convocado al Dr. Marcial Rubio Correa, Rector de la
Pontificia Universidad Católica del Perú, al
Vaticano, el día 21 de febrero, para comunicarle las
conclusiones a las cuales ha llegado la Secretaría de
Estado luego de la Visita Apostólica del Emmo.
Señor Cardenal Peter Erdö en el mes de diciembre
pasado.
Lima, 13 de febrero de 2012

COMUNICADO

domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


A todos los lectores de Presencia Católica les deseo una
Feliz Navidad.
Que el Hijo de Dios que ha nacido encuentre en sus corazones un lugar dónde estar a gusto y desde allí transformar el mundo.
Dios los bendiga a todos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El pensamiento del mes

"No es libre el que hace lo que quiere, sino el que hace lo que debe".
(Presencia Católica)

domingo, 20 de noviembre de 2011

Sobre censuras y autocensuras



Vanessa Saba
(Imagen tomada del blog "Los ojos del espectador")

Hoy domingo, en un diario de la capital, la actriz Vannessa Saba, uno de los personajes de "La Perricholi", miniserie recientemente censurada y, como consecuencia, recortada, lamentó el hecho y criticó la censura de dicha producción. Dijo: "La censura, si ha habido eso, me parece muy peligrosa, tanto en el arte como en la prensa, por más que algunas cosas no nos puedan gustar. ¿Quién tiene la objetividad absoluta para decir esto está mal?".

Y le respondo: Cuando está de por medio la integridad moral de los niños, no se puede hablar de me gusta o no me gusta; simplemente se ve si es moral o no lo es. Apasionamientos homosexuales, orgías dentro de un convento, fornicaciones y adulterios, en horarios de protección al menor, es objetivamente malo; y con esto respondo a su pregunta. En efecto, tenemos conciencia moral; sabemos darnos cuenta de qué es bueno y qué es malo; y... de manera absoluta, porque la verdad lo es. O piense usted si esas escenas que he mencionado educan a los niños.


Rodolfo Hoppe
(Imagen tomada de "tuteve.tv")

Por otro lado, el mismo medio periodístico dice que el productor argentino Rodolfo Hoppe, refiriéndose al mismo tema de la censura a "La Perricholi", dijo que la censura en televisión es necesaria, pero que ésta no debe partir del Gobierno o entes reguladores sino de los propios productores. "Si yo hago cosas procaces y hay niños mirando, eso debe ser censurado. La autocensura es lo que debe operar un productor, donde debe de saber hasta dónde debe llegar con la imagen. Esta conjunción de sonido e imagen puede ser muy agresiva".

Si queremos ser justos, el Sr. Hoppe no ha dicho que la censura no debe partir del gobierno; lo que ha hecho es opinar sobre el tema poniendo el acento en la autocensura que, a su parecer, debe operar el productor.

Es en torno a la censura y autocensura que deseo llamar a reflexión. Es cierto que hay este nivel de autocensura que toda persona debe ejercer como ser moral. La conciencia moral es capaz de hacernos ver qué es lo bueno y qué lo malo; y, por ende, qué es lo que conviene o no conviene. Sin embargo, ¿qué pasa cuando esa conciencia no está bien formada?, ¿cuando no distingue lo bueno de lo malo y todo le parece lícito, moralmente hablando? Es más, ¿qué pasa cuando esa persona no es capaz o no quiere autocensurarse? Allí interviene la autoridad. En efecto, son las personas más entendidas en el gobierno de los hombres quienes dictan leyes para defender los derechos humanos, y son ellos los que deben hacerlas cumplir. De un ciudadano se puede entender que pueda carecer de recto juicio moral, por las diferencias de grado de educación moral o voluntad para respetar los principios morales; pero de un gobernante no, porque está allí por sus aptitudes para buscar el bien moral de todos los habitantes del país.

Por ello, la censura debe venir del gobierno: si no existe autoridad que regule o que sancione, el pueblo podría sumirse en el caos moral y social.



martes, 15 de noviembre de 2011


ORIENTACIÓN SEXUAL
¿DERECHO DE LAS MINORÍAS?

Eduardo Enrique Carrión Vásquez

(Escrito para la revista virtual PÓLEMOS, de la Asociación Civil Derecho & Sociedad)

                                                      
El título del tema del presente número de la revista PÓLEMOS nos sitúa ante la pregunta de si la orientación sexual es un derecho de la persona humana, que en estos últimos tiempos están reclamando las minorías conformadas por homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales (discúlpenme si me olvido de alguien).

Pues bien, respecto a este tema han surgido diferentes opiniones que han dado lugar muchas veces a enfrentamientos apasionados.  Por eso, lo que quisiera que quede claro es, en primer lugar, que no podemos quedarnos en las opiniones; lo conveniente es encontrar la verdad. Y, lo segundo, la reflexión y el diálogo que buscan la verdad no deben ser dirigidos por el apasionamiento sino por la razón, y con un espíritu calmado.

Quisiera por ello advertir que, para entendernos, debemos dejar los prejuicios (y las animadversiones que provienen de ellos), los que no hacen sino perjudicar la reflexión y el diálogo. Los prejuicios son eso: pre-juicios; es decir juicios previos a la reflexión, que me predisponen a desestimar la palabra del otro, considerando de antemano que todo lo que me pueda decir, o está equivocado o busca engañarme o lo dice porque está en contra mía. De esta manera, los prejuicios no permiten escuchar verdaderamente al otro; en el diálogo, lo único que haré será no buscar encontrar la verdad sino imponer lo que yo creo es verdadero; quiero encontrar la verdad sobre el tema en discusión, pero yo mismo me bloqueo con el prejuicio.  Así, encontramos los prejuicios de que la Iglesia Católica está pasada de moda, que es tradicional; que si tiene algo que decir lo diga a sólo sus fieles; o que la Iglesia es homofóbica. Por el otro lado encontramos los prejuicios (que no son de la Iglesia) de que los homosexuales son malos y que lo único que merecen es el desprecio y la marginación.  Si esos son los prejuicios que acompañarán al diálogo, mejor pongámonos de pie y vayámonos a nuestras casas,… y que Dios nos perdone.

Dicho todo lo anterior, me dispongo a exponer la enseñanza de la Iglesia Católica sobre este tema: la orientación sexual; y, si es un derecho o no de las llamadas minorías homosexuales.


Naturaleza humana y orientación sexual

La Iglesia Católica, que funda su doctrina sobre la Revelación divina, sostiene que cuando Dios creó al hombre los hizo varón y mujer (con sexos diferenciados), dándoles el mandato de unirse en una sola carne para procrear y poblar la Tierra. La Iglesia reconoce en ello el orden natural que Dios ha dado a la sexualidad humana.  Por eso, cuando la Iglesia habla del matrimonio señala que es un consorcio entre un varón y una mujer; y que tiene dos fines: el bien de los cónyuges (que se expresa en el amor y fidelidad mutuos) y la generación (procreación) y educación de la prole (hijos). Vuelvo a repetir que lo que enseña la Iglesia se fundamenta en la Revelación divina.

Dicho esto, la Iglesia reconoce como únicas orientaciones sexuales la del varón hacia la mujer y la de la mujer hacia el varón, las cuales son orientaciones de la naturaleza, no de la voluntad individual de cada persona: se tiende por naturaleza, no por decisión personal.  Quienes defienden el “derecho” a elegir una determinada orientación sexual están diciendo entre líneas que la orientación sexual no depende de la naturaleza sino de un querer personal; y lo que reclaman es que la sociedad les reconozca ese “derecho”. 


Naturaleza versus Cultura

En el párrafo anterior encontramos el verdadero problema cuando se discute sobre el tema de la homosexualidad: la Iglesia, por su lado, reconoce un orden natural en la sexualidad humana, orden establecido por Dios; y por el otro lado hay quienes defienden un orden cultural en la sexualidad humana, producido por la voluntad consensuada de los hombres. Dicho de otro modo, para unos el orden lo pone Dios y para otros el orden lo pone el hombre mismo, fruto de un acuerdo social que luego se expresa en lo legal. Asistimos pues a la confrontación entre Naturaleza y Cultura. ¿Qué responder ante esto?  Antes de responder veamos el otro punto que señala el título del artículo: el Derecho.


Derecho Natural y Derecho Positivo

La Iglesia reconoce en la voluntad de Dios el deseo de que los hombres se organicen en sociedad para poder ordenar sus vidas y alcanzar sus fines. De allí que el Derecho Positivo, me refiero al conjunto de leyes promulgadas por la autoridad competente de un país para ordenar la vida de sus habitantes, es algo querido por Dios y aceptado por la Iglesia.  Pero, la Iglesia entiende que ese orden social debe estar dado por leyes que respeten el orden natural, aquel que Dios ha dado a la naturaleza humana para que ésta alcance sus fines.  De esto se desprende que si Dios ha provisto a la naturaleza humana de diferenciación sexual, las leyes que promulgue el Estado deberán respetar y defender la unión entre el varón y la mujer en un consorcio de vida llamado matrimonio, el cual, por su propia naturaleza está llamado al amor y bienestar de los esposos y a la procreación de los hijos, con lo cual se garantiza la supervivencia no sólo de la especie sino del mismo pueblo.  Del Orden Natural deviene un Derecho Natural (la exigencia del respeto a mi propia naturaleza, la que Dios me ha dado). Antes del Derecho Positivo está, pues, el Derecho Natural fundamentado en el Orden Natural.  Las leyes del Estado deben respetar las leyes de la naturaleza humana; no existen derechos fuera del orden natural; esto es lo que defiende la Iglesia. Por eso, la Iglesia no aprueba la homosexualidad; mucho menos el matrimonio homosexual. Y la razón está clara: no responde al orden establecido por Dios en la naturaleza humana.

De todo lo dicho anteriormente se desprende lo siguiente: toda persona humana puede y debe reclamar el respeto de los derechos que por naturaleza le corresponden; que el Derecho Positivo respete su Derecho Natural. Eso es lo ordenado según razón.

Ahora se puede ver con claridad cuáles son las razones por las que la Iglesia no acepta que la orientación sexual sea cosa de elección personal (pues la orientación la da la naturaleza); por qué rechaza el matrimonio gay (o sus variantes); y por qué no reconoce el supuesto derecho a elegir la orientación sexual. La Iglesia dice claramente: no existe ese derecho en el orden natural; no puede o debe existir derecho alguno en el orden social.

Vemos, pues, que la Iglesia sólo es consecuente con sus principios. Pero, surge entonces una pregunta: ¿qué dice la Iglesia sobre la homosexualidad, ¿cómo trata a los homosexuales?, ¿es ella homofóbica?

La Iglesia frente a la homosexualidad

Sin pretensión de agotar el tema, creo conveniente decir lo siguiente:

·         La Iglesia ve la homosexualidad como una desviación sexual. En efecto, siendo lo ordenado que un sexo se dirija hacia el opuesto, el dirigirse hacia el mismo sexo significaría una desviación.  La Iglesia considera que esta situación por la que pasan las llamadas minorías… no debe reclamar legalización sino terapia; siendo una desviación donde cuenta lo psicológico, puede ayudar mucho un tratamiento psicológico.

·         La Iglesia respeta al homosexual, a quien llama persona. La Iglesia no niega, antes afirma, que el homosexual es persona y como tal merece el respeto debido.

·         La Iglesia no acepta la práctica homosexual, la cual considera fuera del orden moral establecido por Dios.  El homosexual que tiene esas prácticas estaría en pecado mortal (como cualquier otro que contraviniere las leyes divinas) y necesitaría el arrepentimiento y el propósito sincero de no volver a dichas prácticas, para confesarse, recibir la gracia y ser santo.

·         La homosexualidad no es pecado, la práctica homosexual sí lo es.  La homosexualidad no es pecado porque la tendencia a las personas del mismo sexo es algo involuntario en el homosexual. La práctica homosexual sí es pecado, por las razones ya explicadas.

·         La Iglesia no niega que una persona homosexual pueda ser santa y tener un lugar en el Cielo.  La condición para ello es negarse a tener pareja o a practicar la sexualidad; y llevar una vida santa.

·         La Iglesia reconoce que para la persona homosexual es muy duro negarse a tener pareja; reconoce en ello una cruz que ha de llevar.

·         Visto lo anterior, podemos darnos cuenta que la Iglesia no es homofóbica, que respeta a la persona homosexual; pero ubicándola frente a la ley divina. 


Sobre qué construir la sociedad

Viene ahora, de manera oportuna, preguntarse sobre ¿cuál es el fundamento sobre el que se debe construir la sociedad: la naturaleza o la cultura?  Así, daremos respuesta a la pregunta que quedó pendiente.

Si en la naturaleza encontramos la diferenciación de los sexos; si encontramos en ello una finalidad: procrear y mantener la supervivencia de la especie humana; si las sociedades se sostienen en las familias (formadas con varón y mujer que procrean hijos), lo más sensato es pensar que la sociedad debe construirse sobre la naturaleza. Esta tendrá sus propias expresiones culturales, las cuales obedecerán a leyes que no provienen del deseo personal o corporativo de ciertas minorías, de las cuales ya hemos hablado, sino de un orden impreso en la naturaleza humana.

Naturaleza y cultura no se oponen cuando la segunda se forma a partir de la primera.  Pero si se quiere ignorar esa referencia natural y se pretende una cultura basada en el consenso, podemos llegar a edificar sociedades sobre cualquier cosa que se nos ocurra; puede ser: la superioridad y preeminencia de alguna raza, la “verdad” atribuida a alguna ideología en particular (de derecha o de izquierda), o unos pretendidos derechos a escoger la orientación sexual y a formar “familias gay”.


Las ciencias dan la razón a la Iglesia

Quiero terminar este artículo diciendo que la Biología, la Psicología, la Sociología, la Historia... dan razón al planteamiento de la Iglesia: la Biología nos dice que los dos sexos tienen una finalidad natural; la Psicología apoya a la Biología distinguiendo y valorando las diferencias psicológicas de ambos sexos como convenientes para la complementariedad de la pareja heterosexual; la Sociología entiende que las sociedades no pueden sobrevivir sin el matrimonio heterosexual; la Historia muestra que las civilizaciones siempre se han formado respetando la diferenciación sexual y el matrimonio; y que aún en aquellos pueblos donde hubo homosexualidad, ésta se dio como algo anormal; nunca se le dio legalidad.  Las cosas en su debido orden natural.  Todo lo que esté fuera de este orden no tiene fundamento racional.













miércoles, 9 de noviembre de 2011

Otra vez el aborto terapéutico


Ahora se trata del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de la ONU (CEDAW), que ha tenido la ocurrencia de sancionar al Perú por negarse a practicar el aborto terapéutico a una adolescente y llamarlo a establecer un mecanismo que legalice esta práctica.

Sobre la moralidad del aborto terapéutico, pueden consultar nuestro artículo del 13 de octubre; y sobre la despenalización del aborto terapéutico por parte del Código Penal Peruano, el artículo del 16 de octubre.

El juicio crítico sobre esta pretensión de la ONU y el caso que utilizan para justificar su sanción y llamado está debidamente tratado en el URL que a continuación le alcanzamos:

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=35250

Presencia Católica cumple, de esta manera, con alcanzar a sus lectores los intrumentos necesarios para formar criterio frente a estos temas controvertidos.

Valores Humanos y "La Perricholi"

Perricholi.jpg

Retrato de un relicario presuntamente de Micaela Villegas


Días atrás ha salido en algunos diarios de Lima la protesta de Michel Gómez y Eduardo Adrianzén, director y guionista, respectivamente, de la miniserie "La Perricholi", a causa del recorte de escenas y adelanto del final de la producción televisiva. A estas protestas se unieron las de Melania Urbina, la protagonista de la fallida producción. La culpa se la atribuyen a la acción de la asociación "Valores Humanos", responsables de la denuncia; sugiriendo la actriz que detrás de todo esto está la Iglesia.

La verdad completa sobre este tema podrá conocerla usted mismo, amable lector, en el URL que le presento a continuación: http://nuestroslogros.wordpress.com/ .
Usted podrá darse cuenta de que el fondo del tema no está relacionado ni con la homofobia ni con razones ideológicas, mucho menos con cucufaterías, como dicen el director y el guionista de la producción; ni con una supuesta posición en contra de la libertad de expresión por parte de la iglesia, como lo insinúa la actriz; se trata, en realidad, de VALORES HUMANOS. Afortunadamente, todavía tenemos leyes.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

No es indiferente...


Para comprender mejor este artículo, es conveniente leer el que publicamos el 3 de octubre de 2011: Palabras y significados: Teísmo, Deísmo, Ateísmo y Agnosticismo.

No es indiferente ser teísta, deísta, agnóstico o ateo. Las consecuencias personales, sociales y políticas así lo demuestran.

Y para entender mejor lo que a continuación se tratará, conviene partir de la idea clara de que el teísta vive teniendo en cuenta a Dios en su vida, mientras que los demás no. El deísta, como sabemos, cree que Dios, una vez creado y ordenado el mundo, no se ha ocupado más de él; el agnóstico cree que no es posible saber si Dios existe, ya que piensa que sólo podemos estar seguros de los datos de la experiencia sensible (lo que vemos, tocamos...); el ateo, finalmente, piensa que Dios no existe.

Dicho todo lo anterior, pasemos a ocuparnos de las consecuencias de ser creyente (teísta), sobre todo, católico.

El teísta cree que hay un Dios que ha creado y ordenado todo cuanto existe. No sólo el universo, cuyo orden la ciencia trata de explicar cada día de mejor manera; sino también al hombre, dándole un orden a sus actos: en lo personal, en lo social y en lo político, que debe llevarlo a la finalidad para la cual ha sido creado: alcanzar la plena bondad y felicidad.

Conforme a esta certeza, el teísta tiene un ideal de vida: excelencia en la virtud que lo lleve a formar una sociedad justa, donde todos tengan la oportunidad de lograr su pleno desarrollo y felicidad. Lo que garantizaría el logro de este ideal sería un modo de vida regido por las Leyes divinas, las que ordenarían la vida social a través de leyes humanas que respeten ese orden moral que Dios ha dado a la vida del hombre para que pueda alcanzar su fin. La fe del teísta le lleva, entonces, a entender la Política como la tarea de conducir al hombre a la consecución de su bienestar y felicidad, según Dios, quien mejor que nadie sabe lo que conviene al hombre.

Vemos, pues, cómo la fe en un Dios Creador y Ordenador trae consecuencias en la actuación del hombre en su vida personal, social y política. El gobernante teísta dictará las leyes ajustadas a la Ley divina, para garantizar una vida social justa que permita una vida en paz.  Así, legislará en favor de la vida (desde la concepción hasta la ancianidad); en favor del matrimonio heterosexual (que corresponde a la diferenciación sexual que ha dado la naturaleza al género humano); de la justicia social (importante para una convivencia social pacífica), etc. Para el teísta, Dios es la medida de todas las cosas.

No es así con quien no cree en Dios o prescinde de Él. Para este tipo de personas, el ordenador de la vida social no es Dios con sus Leyes, sino el hombre con las suyas. Si el gobernante ateo, deísta o agnóstico viera conveniente legislar en contra de la vida (aborto, eutanasia); o del orden de la naturaleza (matrimonio entre invertidos); o de la justicia social; lo haría sin más; porque para él es el hombre la medida de todas las cosas.

Dejo las cosas ahí, para volver más adelante sobre las mismas. Las verdades del pensamiento católico hay que digerirlas poco a poco, para lograr una buena intelección de las mismas.

De todos modos, llamo la atención sobre lo siguiente: ¿no se ha dado cuenta, estimado lector, que los debates entre nuestro Cardenal y los militantes pro-aborto, pro-matrimonio gay, feministas, laicistas y "libre-pensadores" expresan lo que se ha explicado más arriba?  El señor Cardenal es teísta, los otros no lo son. Para el señor Cardenal, las cosas se miden según Dios; para los otros, las cosas se miden según el hombre.





sábado, 29 de octubre de 2011

miércoles, 19 de octubre de 2011

El joven Ratzinger y las Juventudes Hitlerianas


Ayer se cumplió un año de la carta que envió el Papa Benedicto XVI a los seminaristas de toda la Iglesia, cuya introducción nos muestra quién fue el joven Ratzinger:
"Queridos seminaristas:
En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: "Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas". Yo sabía que esta "nueva Alemania" estaba llegando a su fin y, que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al país, habría más que nunca necesidad de sacerdotes... "

Joseph Ratzinger, a sus 16 años, tuvo que responder al llamado del servicio militar en el contexto de una guerra mundial iniciada por Alemania, pero que ya iba perdiéndola. Él y todos los seminaristas, habían sido afiliados a las Juventudes Hitlerianas desde hacía dos años, muy a pesar de ellos mismos y de sus obispos, que ya no pudieron más negarse a dicha afiliación de sus jóvenes.

Pero, la respuesta del joven Ratzinger al comandante de la compañía: "Quiero ser sacerdote", nos indica claramente qué había en el alma de este joven: amor a Dios y a los hombres; no el desprecio que los nazis sentían y mostraban por los demás en la creencia de su supuesta supremacía racial.

Sin embargo, no faltan quienes con evidente mala intención quieren hacer creer a la gente que el joven Ratzinger fue un nazi convicto y confeso. Y lo penoso es que, con ese veneno afectan a personas sencillas que, no acostumbradas a la investigación y a la reflexión, dan por sentado lo escuchado; o, al menos, se sienten desilusionados del Santo Padre por la posibilidad de que esto pueda ser cierto, de que haya habido un pasado oscuro en la vida de nuestro Papa Benedicto XVI. En realidad, no hay nada oscuro, todo está claro: un joven que desea ser sacerdote y que llamado al servicio militar de su patria acude porque no tiene otra posibilidad de elección, al igual que muchos jóvenes alemanes que vivieron esa misma situación y que después de la guerra fueron quienes reconstruyeron Alemania.

Presencia Católica alcanza a sus lectores esta información, a fin de que sea la verdad la que prevalezca y no la mentira dicha, evidentemente, con mala intención.

domingo, 16 de octubre de 2011

ABORTO TERAPÉUTICO (II) La Constitución y el Derecho Penal

Continuamos orientando a nuestros lectores acerca del aborto terapéutico.

La Constitución y el Derecho Penal

La Constitución reconoce y defiende la vida del concebido (Artículo 2, inciso 1), y el Derecho Penal penaliza el aborto (Artículos 114°, 115°, 116°, 117°, 118° y 120°), pero despenaliza el aborto terapéutico, (Artículo 119°). ¿Cómo entender esta excepción a la ley constitucional?

Analicemos el Artículo en mención, para sacar nuestras conclusiones, y hagamos una crítica sobre el acierto o desacierto de la norma.

Veamos lo que dice el Derecho Penal:

Aborto terapéutico, necesario o impune

  Artículo 119°.- No es punible el aborto practicado por un médico con el consentimiento de la mujer embarazada o de su representante legal, si lo tuviere, cuando es el único medio para salvar la vida de la gestante o para evitar en su salud un mal grave y permanente.

En primer lugar, se sigue reconociendo que el acto es un delito: (se le sigue llamando aborto, y el aborto es un atentado contra el derecho a la vida del concebido, defendido por la Constitución); pero señalando que, a pesar de ello, se le exime de punibilidad; es decir, se le quita la pena debida.

¿En qué se estaría basando el legislador para quitar la pena a un delito como éste? El legislador, indudablemente, aplica el criterio jurídico de Estado de Necesidad, como causa que elimina la represión (o aplicación de la pena). ¿Por qué? Porque no considera razonable exigir a la madre el sacrificio heroico de su vida en favor de la vida del hijo que lleva en las entrañas. De allí que, se ve la necesidad de que para salvar la vida de la madre, se atente contra la vida del hijo. A eso se llama "Aborto terapéutico, necesario o impune".

Hasta aquí la comprensión del pensamiento e intención del legislador para eximir de pena un delito tan grave como es el atentar contra la vida inocente e indefensa del hijo que se lleva en las entrañas.


Crítica al Artículo 119° del Derecho Penal

El legislador ha hecho un uso desacertado del Estado de Necesidad, el cual podría perfectamente aplicarse para casos de enfrentamiento armado de policías o militares en cumplimiento de su deber, o en el caso de quitar la vida a otra persona en un acto de defensa de la propia vida. Allí sí, se estaría sacrificando la vida de otro por salvar la propia vida, en el contexto de una defensa contra el injusto agresor; la necesidad del acto y su impunidad estarían perfectamente justificadas. Pero en el caso de quitar la vida al hijo que se lleva en las entrañas para salvar la propia vida (la de la madre), el Estado de Necesidad no es el criterio jurídico adecuado, ya que el feto no es ningún agresor injusto. Lo que se está aplicando más bien es el criterio inmoral de que el fin justifica los medios: para salvar la vida de la madre (fin bueno), atento contra la vida del hijo que lleva en el vientre (medio malo). Bien sabemos que esta "ley moral" es inaceptable en toda sociedad civilizada; es una ley maquiavélica que justificaría las mayores y atroces injusticias; de hecho, hay muchos ejemplos históricos que nos lo han demostrado.


Palabras finales

Desde Presencia Católica afirmamos que habría que reconsiderar este Artículo nefasto del Derecho Penal, con el fin de, reconociendo el yerro, penalizar el aborto mal llamado terapéutico, como están penalizados todos los demás, y desestimar la petición de la Ministra de la Mujer y de organizaciones abortistas, en orden a la elaboración y promulgación de un Protocolo para el Aborto Terapéutico; ya que tal petición no se ajusta a la razón.

jueves, 13 de octubre de 2011

ABORTO TERAPÉUTICO (I) Moralidad del acto


Alcanzamos a nuestros lectores algunas consideraciones sobre el llamado Aborto Terapéutico, a fin de que sepan cuál es su calificación moral.
Ubicación
El llamado Aborto Terapéutico entra en la clasificación de aborto provocado; es decir, aquel donde de modo directo se busca provocar la muerte del feto.

Calificación Moral
Todo acto humano dirigido a acabar con la vida humana es inmoral. Por lo tanto, el llamado Aborto Terapéutico es inmoral.
Incongruencia del nombre
Llamar al aborto terapéutico es absurdo, ya que éste no cura nada, antes bien va dirigido a quitar la vida del nonato (no nacido).

Contingencias
Hay casos en que la salud de la madre requiere la administración de un medicamento o tratamiento que puede acabar con la vida del feto. En caso se decida por ello (tomar la medicina o recibir el tratamiento), la acción directa del médico o enfermera y la intención de ellos y de la madre irían dirigidos a conseguir la salud de la gestante; y, aunque el feto sufra la muerte, el acto sería moralmente bueno, ya que se ha buscado curar a la madre; la muerte del feto sería una consecuencia que no se busca sino se tolera. La ley moral que se aplica en este caso se llama “Ley de doble efecto” (se busca el efecto bueno y se tolera el efecto malo, que es inevitable). Pero, buscar directamente la muerte del feto es inmoral y debe ser penado, porque en una sociedad civilizada, la vida humana recibe el mayor respeto. Nuestra Constitución defiende la vida del no nacido (Constitución de 1993), en concordancia con el fin supremo de la sociedad y del Estado: defender la persona humana y hacer respetar su dignidad.

Cabe señalar que sólo se permite esta atención médica de la madre en caso de peligrar su vida. Sin embargo, la madre podría decidir que su hijo viva aunque ello le acarree la muerte. Lo cierto es que siempre el acto que se realice tendrá que estar dirigido a salvar la vida, sea de la madre o del nonato y nunca buscar provocar la muerte de ninguno de los dos.

Próximo artículo: Aborto Terapéutico (II): La Constitución y el Código de Derecho Penal

viernes, 7 de octubre de 2011

Los verdaderos equivocados

La comunidad universitaria de la PUCP, en su página EN DEFENSA DE LA PUCP, trató de "dorar la píldora" en referencia a la foto que el diario CORREO difundió hace dos días, donde el rector de la Católica, Marcial Rubio, y sus vicerrectores, posaron ante una cámara fotográfica festejando la representación burlesca que del señor Cardenal hacía un alumno. Se pretende justificar aquello presentándolo como una manifestación cultural dentro de las muchas que hacen los alumnos dentro de lo que se denominan JUEVES CULTURALES. El comunicado lo titulan: A propósito de una "equivocación", aclarando la fecha en que realmente fue tomada la foto. El título del comunicado nos sirve para hacerles ver a los autores de la nota que ciertamente ha habido una equivocación de fecha, pero también otra de diferente tipo: el modo como ellos, universitarios, entienden la cultura. Un verdadero católico entiende que una universidad debe ser un foco de cultura, pero entendida ésta como el desarrollo integral de la persona humana que se proyecta hacia la edificación de la sociedad desde una profesión que se ejerce siempre en vistas a un progreso no sólo material sino espiritual, tratando de hacer que el respeto y la justicia sean las características de la vida social : ésta cultura, entendida como excelencia personal, manifiesta el nivel universitario de los alumnos. La equivocación, pues, está en ellos. Pero, ¿querrán salir de su error?